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Carrera universitaria por captar estudiantes, profesores y fondos

captar estudiantes, profesores y fondos

La creciente competencia entre las universidades por atraer estudiantes, profesionales de calidad y los recursos necesarios para la investigación ha incrementado la preocupación de las instituciones académicas por darse a conocer, por la transparencia, por la gestión de su reputación.

“La financiación ha cambiado y el mundo ha ensanchado”, señala Juan Carlos Rodríguez, investigador del instituto Analistas Socio-Políticos y coautor del estudio “La reputación de las universidades”, elaborado en el marco del proyecto “Construyendo la reputación universitaria”, coordinado por la Universidad de Navarra, que entre el 22 y el 24 de abril reunió en un congreso internacional a representantes de 18 países.

Las instituciones académicas tienen que competir más entre ellas, “no ya por una obligación moral o normativa, sino porque los recursos son más escasos en un mundo más globalizado”.

Considerada como “moneda de curso corriente en el mercado universitario”, la reputación supone “un aspecto de la realidad que valoran todos los que participan en la vida universitaria, los estudiantes a la hora de elegir, los profesores a la hora de decidir dónde trabajan, los que dan fondos para la investigación, el público cuando habla de la universidad”.

En esta carrera por la reputación los rankings internacionales se han convertido en uno de los principales referentes. Fuente reconocida a la hora de evaluar el funcionamiento de las universidades, “cada vez son más sofisticados y útiles”, señala Rodríguez, y así van incluyendo por ejemplo información de carreras y áreas de estudio. Es el caso del reciente QS World University Rankings by Subject, que hace una clasificación de los mejores centros en 36 disciplinas académicas, a partir de miles de encuestas de satisfacción a estudiantes, directivos y empleadores, así como del impacto de la investigación en publicaciones científicas.

España cuenta con una tradición más bien reciente en esta cultura de la clasificación internacional con la que “intentamos orientarnos en la selva de la calidad”, asegura el también profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

Pero no hay una “reputación objetiva”, sino que “depende de los públicos que participan, de la materia, a unos les interesa la investigación científica, a otros las salidas laborales…”. La variedad de públicos, campos, intereses, expectativas o criterios de valoración hacen esperar, de este modo, que los componentes de la reputación sean diversos.

Por ello, Rodríguez considera que “no tendría sentido hablar de un único sistema de indicadores, más bien al contrario”, por lo que lo lógico “es que haya varios que intenten afinar en los productos y que cada uno haga el uso que quiera de ellos”.

Hay otros elementos además de la clasificación vinculados a la imagen de la universidad. “La reputación se articula sobre la base de información muy diversa, las respuestas que dan los profesores o los gerentes se basan en una trayectoria, en las relaciones entre la comunidad universitaria, en los artículos que han leído, en saberes comunes de esa área, en el conocimiento directo”, y lo que en definitiva hacen los ranking es resumir esa información para un público más amplio.

Diversos factores influyen en una reputación que no se vincula tanto con los recursos con los que cuentan las universidades como con su gestión eficaz. “Lo que importan son los resultados, muchas universidades pequeñas que disponen de menos recursos están más arriba en los listados de calidad”, advierte Rodríguez, quien destaca que “hay varias maneras de mejorar la reputación: de forma auténtica, que consiste en hacer mejor las cosas y contar lo que haces, o sin una base real de mejora”, algo a lo que, a la larga, se impondría la realidad de la agencias de investigación, los profesores y los estudiantes.